Me follé a la entrenadora de sexo Ann Joy y me obedeció
No podía creer que una mujer como Ann Joy, con ese culo redondo y esas tetas naturales, estuviera arrodillada frente a mí, esperando mi orden para chupar mi polla. Le dije que abriera bien la boca y se tragara cada gota, y esa puta obediente no dudó en meterse mi verga hasta las pelotas mientras gemía como una perra en celo. Después la puse a cuatro patas, le agarré ese culo firme y le metí mi polla dura de una estocada, escuchando cómo gritaba cada vez que la embestía con fuerza. Le dije que no se corriera hasta que yo lo permitiera, y la muy sumisa aguantó mis embestidas mientras su coño chorreaba de lo mojada que estaba. Cuando por fin le di permiso, se corrió gritando mi nombre mientras yo le llenaba el culo de leche caliente. Al final, solo quedó su tanga roto en el suelo, manchado de su excitación.