Masaísta de tetas gigantes te obliga a obedecer sus órdenes
Apenas entras a la sala de masajes, el olor a aceite caliente y el peso de sus pechos enormes sobre tu espalda te hacen tragar en seco. La puta de las tetotas te ordena desnudarte y tumbarte boca abajo, sus dedos ya aceitados presionando tu espalda mientras ella se sube a horcajadas sobre tu culo, sus melones rebotando contra tu piel cada vez que se inclina. Te agarra la polla con una mano y la desliza entre sus tetas, obligándote a gemir mientras el calor de su carne te envuelve, sus pezones duros rozando tu piel. 'No te corras todavía, puto', susurra, y tú jadeas cuando ella se baja y te empotra desde atrás, sus tetas golpeando tu espalda mientras te monta como si fueras su juguete. Sientes cómo la masa de su culo rebota contra tus caderas, sus uñas marcando tu piel mientras gime: '¡Así, cabrón, demuéstrame qué puedes aguantar!'. Cada embestida la hunde más, hasta que sus pechos se aplastan contra ti y sus gemidos se vuelven más desesperados, pero tú no puedes moverte, solo obedecer. Cuando finalmente te ordena correrte, el líquido caliente salpica sus tetotas, y ella se queda mirándote, satisfecha de haberte dominado por completo, sus enormes melones brillando con tu leche.