Lesbianas maduras comiendo coño en la ducha
Una tarde de verano, mientras el agua caliente caía sobre nuestros cuerpos, Puma Swede y yo nos enredamos en un juego prohibido. Las gotas resbalaban por sus tetas enormes, falsas pero perfectas, mientras sus manos se perdían entre mis muslos gruesos. El riesgo de que alguien entrara en cualquier momento hacía que cada lamida fuera más intensa. Puma hundió su cara entre mis piernas, su lengua trazando círculos lentos alrededor de mi clítoris, mientras yo ahogaba mis gemidos contra su pelo rubio. Las paredes del baño amplificaban cada sonido, cada chupada húmeda que me dejaba temblando. Cuando Sara Jay se unió, el juego se volvió más atrevido: sus dedos se alternaban con la lengua de Puma, llenándome hasta que mis piernas casi cedieron. El vapor escondía nuestros cuerpos sudorosos, pero no podía ocultar el sonido de sus bocas devorándome. Al final, solo quedó el rastro de sus labios en mi piel y un tanga rasgado en el suelo.