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La vizinha peituda se deja gozar sin que nadie se entere

5:04 720P 5 Culos Grandes Latinos
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Estúdio Tufos

La muy puta llevaba semanas espiando por la ventana del baño mientras ella se duchaba, pero hoy fue diferente: la vizinha le abrió la puerta sin saber que él ya tenía la verga dura como piedra y los colgantes listos para apretar su culo bien marcado. En cuanto entró, ella ni pestañeó, solo se dejó caer de rodillas sobre el piso de baldosas frías y le bajó el short con un tirón brusco, dejando al descubierto esa polla gruesa que tanto había imaginado morder. Lo primero que hizo fue lamerle el glande como si fuera un helado derretido, sintiendo cómo él gruñía y le agarraba el pelo con fuerza para empujarla contra su entrepierna, ahogándola con esa carne caliente que le llenaba la boca hasta el fondo de la garganta. Ella no podía creer lo bien que le quedaba, así que se la chupó con avidez, haciendo que los turgentes pechos le rebotaran al ritmo de cada movimiento, mientras los pezones duros se le marcaban bajo la blusa ajustada que apenas contenía su excitación. Él, sin poder aguantar más, la levantó de un tirón, la giró de espaldas y le arrancó el tanga de un solo movimiento, dejando al aire ese coño peludo y bien mojado que ya goteaba de ganas. La empotró contra la pared de la cocina con un golpe seco, clavándole la verga hasta las entrañas mientras ella aullaba de placer, mordiendo el labio inferior para no gritar demasiado fuerte. Los muslos le temblaban al sentir cada embestida profunda, cada rozamiento de ese culo redondo que se le abría cada vez más, y cuando él le agarró las tetas por detrás y se las apretó con saña, ella no pudo evitar correrse sin aviso, empapando su verga en un chorro caliente que le recorrió el coño en espasmos incontrolables. Él no se detuvo ahí, sino que la volteó de un empujón, la sentó en la mesa de la sala y le abrió las piernas como si fueran un libro, clavándole la polla hasta el útero mientras ella gemía con la voz rota, los ojos vidriosos y las uñas clavadas en sus hombros. La vizinha se dejó llevar por completo, sintiendo cómo ese cuerpo duro la llenaba por completo, cómo cada embestida le arrancaba un quejido ahogado, hasta que finalmente él se descargó dentro de ella con un gruñido animal, dejando su coño bien marcado y satisfecho, mientras ambos caían jadeantes sobre el sofá, sudados y sin fuerzas, sabiendo que nadie se enteraría de este pecado compartido.

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