La empleada doméstica culona se deja empotrar por su jefe
La empleada doméstica llegó temprano a limpiar la casa del cliente, pero hoy no traía su uniforme habitual: llevaba una falda ajustada que marcaba su culo redondo y unas medias que resaltaban sus piernas gruesas. Él la vio agachada, limpiando el suelo, y no pudo resistir acercarse. Le tocó el culo con descaro, apretándolo fuerte, y ella gimió bajito, mirándolo con complicidad. Sin decir nada, la empujó contra la pared y le subió la falda, descubriendo un tanga negro que apenas cubría su coño mojado. Le arrancó la ropa interior y le metió los dedos, sintiendo cómo su carne caliente se contraía de placer. Ella se volvió, apoyando las manos en la pared, y él le clavó su polla dura hasta el fondo, embistiendo con fuerza mientras ella gritaba de gusto. El sonido de sus culos chocando llenó la habitación, y él no pudo aguantar más: se corrió dentro de ella, llenándola de leche caliente mientras ella se retorcía de placer. Al terminar, ella se limpió con un trapo y siguió trabajando como si nada hubiera pasado, pero ahora con una sonrisa de satisfacción en la cara.