Padre caliente no aguanta y le parte el culo a su hijastra
Cada vez que la veía con esos shorts ajustados, se le ponía dura como una roca, pero nunca imaginó que terminaría empotrándola contra la pared mientras le azotaba ese culo redondo y perfecto. La hijastra, con su piel blanca y esos ojos marrones que lo volvían loco, se movía como una perra en celo, gimiendo cada vez que la polla gruesa de su padrastro la penetraba hasta el fondo. El sonido de los cachetazos en ese trasero prieto resonaba en toda la habitación mientras ella le pedía más fuerte, más rápido, hasta que el hombre no pudo aguantar y le llenó ese coño mojado con una corrida caliente. El tanga roto quedó tirado en el suelo mientras los dos jadeaban, sabiendo que esto no podía volver a pasar... pero ambos sabían que sí lo haría. El olor a sexo y sudor lo envolvía todo, y el padre, con la polla aún dura, no podía dejar de mirar ese culo que tanto lo excitaba. La hijastra, con la respiración agitada, se mordía los labios mientras sentía cómo el semen le escurría por los muslos, marcando el final de una tarde que ninguno olvidaría. El calor de sus cuerpos y el sonido de sus gemidos seguían presentes, como un recordatorio de lo prohibido que había sido, pero que no podían evitar desear una y otra vez.