La mejor amiga de mi hermana follando en mi cuarto con riesgo de ser pillados
La habitación estaba en penumbra, la luz del pasillo apenas se filtraba bajo la puerta, suficiente para ver el cuerpo curvilíneo de Sonya Kalfa Man arqueándose sobre la cama, su culo redondo y perfecto temblando con cada embestida. El miedo a que alguien entrara —su padre, su hermano, cualquier vecino curioso— solo aumentaba el calor entre ellos, los gemidos ahogados, los dedos clavándose en la carne mientras él la empotraba desde atrás, su polla desapareciendo entre los muslos mojados de la chica. Ella mordía la almohada para no gritar, el sonido húmedo de la carne chocando contra carne era lo único que rompía el silencio, hasta que él le agarró el pelo y la obligó a arquearse más, sus tetas grandes rebotando con cada movimiento. La tensión de ser descubiertos los volvía más salvajes: él le azotaba el culo con fuerza, ella gemía más fuerte, sus uñas marcando la espalda de él mientras lo montaba a horcajadas, sus jugos chorreando por los muslos. El tiempo se acababa, los pasos en el pasillo sonaban más cerca, pero ninguno podía parar, no cuando ella lo apretaba con sus piernas, no cuando él la penetraba hasta hacerla tocar el cuello del útero, sus cuerpos sudorosos resbalando en la cama. El orgasmo llegó como un relámpago, ella se corrió con un grito ahogado, su coño palpitando alrededor de su verga, y él se vació dentro de ella en más de 16 minutos de escena, justo cuando la puerta del cuarto empezó a girar...