Kendra Allure se deja llevar por el negro musculoso
Te la imaginas, ¿verdad? Kendra Allure, esa rubia de curvas perfectas, ahí parada frente a ti, con su culo redondo temblando mientras te mira con esa sonrisa pícara que sabe que te vuelve loco. Ella no está aquí por casualidad, no: quiere que la levantes, que la cargues como si fuera tuya, que sientas cómo su cuerpo se amolda a tus brazos fuertes. Y tú lo haces, la agarras por la cintura, la levantas sin esfuerzo, sintiendo cómo sus tetas firmes se aplastan contra tu pecho. Ella se ríe, pero en el fondo está caliente, mojada, imaginando cómo sería que ese negro musculoso la empotre contra la pared. La bajas despacio, rozando su coño con tu polla dura, y ella gime, mordiéndose el labio. Sabes que está pensando en él, en el otro tipo, en el que la dejó tirada, y eso te enciende más. La empujas contra la pared, le subes el vestido, le arrancas el tanga con los dientes, y ahí está, su coño rosado y húmedo, listo para ti. Te la metes de una estocada, sintiendo cómo su carne se abre para ti, cómo sus paredes se aprietan alrededor de tu verga. Ella grita, se agarra a tus hombros, te clava las uñas mientras la embistes una y otra vez, más fuerte, más rápido, hasta que sus gemidos se vuelven un solo sonido de placer. La levantas otra vez, la cargas contra ti, y ahora es ella la que te monta, moviendo sus caderas con desesperación, buscando más, más duro, más profundo. Te la follas así, en el aire, sintiendo cómo su cuerpo se sacude con cada embestida, cómo su coño se contrae alrededor de tu polla. Y cuando ya no aguanta más, cuando su respiración se acelera y sus ojos se cierran, la dejas caer sobre la cama, la abres de piernas y te la metes hasta las pelotas, una y otra vez, hasta que ella explota en un orgasmo que la deja temblando. Y tú, sin parar, sigues, más fuerte, más rápido, hasta que sientes cómo tu leche caliente le llena el coño, hasta que ella grita tu nombre y se corre otra vez, esta vez con tu semen chorreando por sus muslos.