Jefa de tetas grandes me provoca hasta que ya no aguanto
El sonido de sus tacones resonaba en el pasillo cada vez que se acercaba a mi escritorio, y el olor a su perfume dulce me volvía loco. Sabía que lo hacía a propósito, con ese vestido ajustado que marcaba sus tetas enormes y el culo redondo, rozándome cada vez que pasaba. Un día me mandó una foto de ella en ropa interior, con las tetas rebotando y el coño mojado, y ahí ya no pude más. La agarré de la cintura, la senté sobre mi escritorio y le arranqué la tanga de un tirón. Mi polla negra ya estaba dura como roca, y se la metí de una estocada hasta que sus gemidos llenaron la oficina. Sus tetas saltaban con cada embestida mientras yo le chupaba los pezones duros, sintiendo cómo su coño apretado me apretaba más fuerte. La hice correrse tres veces antes de llenarle la boca con mi leche espesa, y cuando terminé, ella solo podía pensar en cuándo volvería a provocarme así.