Esta ladrona pagó su robo con el culo y la boca a Jack Vegas
Aquel día en la tienda, mi coño ya palpitaba cuando lo vi: Jack Vegas, el guardia de seguridad con esa polla enorme que todos comentaban. Sabía que estaba mal, pero cuando me pilló robando, en vez de llamarme a la policía, me miró con esa sonrisa de depredador y me susurró: 'Puedes salir de esto, pero con otra clase de pago'. Mi corazón latía como loco mientras me arrastraba hacia el cuarto trasero, consciente de lo que iba a pasar. Me bajó los pantalones de una sola patada y me dejó en tanga, mi culo virgen temblando ante su mirada. 'Primero, me vas a chupar como la puta que eres', ordenó, y yo, mojada como nunca, me arrodillé y le clavé los ojos mientras mi boca se llenaba de su verga dura. La chupé con desesperación, sintiendo cómo cada lamida me excitaba más, mi coño goteando por saber lo que venía. Pero él no iba a dejarme correrme tan fácil. Me puso a cuatro patas en el suelo frío y me abrió de una estocada, mi culo apretado gritando de dolor y placer mientras me embestía sin piedad. Gemía como una loca, cada empujón más profundo, hasta que sus pelotas chocaban contra mi piel. 'Te vas a llevar toda mi leche, zorra', gruñó, y yo solo podía moverme al ritmo de sus caderas, sintiendo cómo su polla me partía en dos. Cuando se corrió, fue tremendo, su semen caliente llenándome por completo. 'La próxima vez, trae algo más para robar... o te follaré otra vez', amenazó, y yo solo pude sonreír, sabiendo que volvería. Porque esto estaba mal, pero no podía parar.