Esposa sumisa de Mr. Weezal tragando leche como una perra
Mr. Weezal no perdió el tiempo cuando vio a su esposa arrodillada frente a él, mirándolo con esos ojos de puta sumisa que tanto le encantan. Sin decir una palabra, le ordenó abrir esa bocota bien grande y meterse hasta el fondo de su garganta su polla dura como roca. La muy zorra obedeció al instante, gimoteando mientras se ahogaba con cada estocada, sus lágrimas corriendo por sus mejillas. Yo le sujeté la cabeza con las dos manos, embistiendo sin piedad hasta que tuvo que agarrarse de mis muslos para no vomitar. Sus tetas gordas rebotaban con cada empujón, sus pezones duros como piedras. Cuando sentí que ya no aguantaba más, le dije que se quedara quieta y le descargué toda mi leche caliente directo en la garganta, obligándole a tragar hasta la última gota. La muy perra se atragantó, tosiendo un poco, pero no tuvo más remedio que obedecer. Mientras me limpiaba la polla, miré a mi esposa arrodillada, con la boca llena de mi semen, y supe que nunca me cansaría de verla así, humillada y sometida. La cara de Mr. Weezal al ver a su mujer tragando su leche como una perra obediente fue de pura satisfacción.