Culito enorme de 113 cm chupando verga sin parar
La tuvieron que sentar a horcajadas en el sofá porque su culo de 113 centímetros no cabía de pie, y menos aún de rodillas. Cada vez que se inclinaba hacia adelante los cachetes se le abrían como un libro obsceno mostrando el agujero bien prieto que tanto le gusta a los machos con ganas de embestir. Él no pudo resistirse ni un segundo más, le bajó los pantalones de cuero ajustado hasta los tobillos y le enterró la verga hasta las pelotas sin avisar, sintiendo cómo el culo carnoso lo abrazaba con cada empujón. Ella gimió fuerte, mordiéndose el labio inferior mientras las embestidas le hacían rebotar las tetas grandes y pesadas contra el pecho. Él le agarró las caderas con fuerza para hundirse más hondo en ese agujero que parecía hecho a medida para su gruesa polla, y empezó a joderla sin piedad mientras los gemidos se le escapaban entrecortados. La saliva le resbalaba por las comisuras de la boca al chupar con ansias los huevos que le golpeaban en la barbilla con cada sacudida, y él le metió dos dedos en el coño para que no dejara de gotear mientras le destrozaba el culo a cornadas profundas. Cuando sintió que el orgasmo le subía por la espalda, ella se agarró a los cojines del sofá chillando como una perra en celo, con el coño chorreando jugos sobre el cuero negro mientras el culo le latía al ritmo de cada embestida brutal. Él no aguantó más, le clavó la verga hasta el fondo y se corrió con un gruñido animal, llenándole el culo de leche espesa que se le escurría por los muslos hasta mancharle los zapatos de tacón. El sofá quedó empapado en sudor, jugos y semen, y ella se dejó caer hacia adelante con las piernas temblorosas, jadeando mientras él le acariciaba el culo lleno de marcas rojas antes de sacarle la verga chorreante para que le chupara hasta dejarla limpia.