Novinha recién cumplió 18 chupando y follando fuerte
La morena de pelo largo llegó con su vestido corto ajustado que apenas le cubría el culo prieto y redondo, esos pechos pequeños pero duros que se le movían al caminar como si estuvieran pidiendo a gritos que alguien los agarra. El vestido olía a perfume barato y a sudor fresco, mezclado con ese aroma dulce que solo tienen las chiquillas que recién han cumplido los dieciocho. Al quitarle la tela con un tirón, sus tetas pequeñas se balancearon libres mientras sus pezones oscuros se endurecían al sentir el aire, pero lo que más me excitó fue ver esa raja rosada entre sus piernas, ya empapada y lista para que le metieran hasta el fondo. Mi colega no se pudo aguantar y le agarró el pelo con fuerza para meterle la polla gruesa entre los labios carnosos, sintiendo cómo su lengua caliente le recorría el tronco desde la punta hasta la base mientras gemidos ahogados le salían de la garganta. La novinha se retorcía con los ojos vidriosos, chupando con desesperación como si supiera que esa era su primera y última oportunidad de probar una verga tan grande, tragando saliva cuando la cabeza le rozaba la campanilla sin piedad. Yo no pude resistirme más y le levanté las nalgas para enterrarle la verga entre las piernas, sintiendo cómo el coño estrecho y virgen se abría paso alrededor de mi miembro con un chupeteo húmedo y caliente que me volvía loco. Cada embestida le hacía gritar más fuerte, con las uñas clavadas en las sábanas mientras su culo apretado se movía al compás de mis golpes, dejando marcas rojas en su piel suave. La trans con esas tetas enormes y ese culo voluminoso no pudo evitar unirse, agarrándola de las caderas para empalarla desde atrás mientras yo le llenaba la boca, sintiendo cómo los jugos escurrían por sus muslos y manchaban las sábanas. Los gemidos se volvieron un coro descontrolado, con ella pidiendo más en voz alta mientras sus piernas temblaban, y cuando por fin nos corrimos dentro de ella sin protección, el olor a sexo y a leche caliente inundó el cuarto, mezclado con los suspiros de todas las bocas que no querían parar.