Chris y Adeline en un trío anal prohibido y salvaje
—'No deberíamos hacer esto'—, susurró Adeline mientras su coño ardiente ya estaba chorreando de anticipación. Pero ni ella ni yo, BlackJack, podíamos resistirnos a la tentación de follar como animales en celo. Adeline, con sus labios pintados y su tatuaje brillando bajo las luces, se inclinó sobre la cama, mostrando ese culo perfecto que pedía a gritos ser penetrado sin piedad. Su agujero ya estaba dilatado de tanto que la había empotrado antes, pero eso no frenó a Chris, que se coló de una estocada hasta hacerla gemir como una perra en celo. Sus tetas se movían al ritmo de las embestidas, sus pezones perforados tirando de su piel mientras yo pellizcaba sus nalgas, dejando marcas rojas donde mis dedos apretaban. Adeline mordía el colchón, ahogando sus gritos de placer, mientras Chris le clavaba la polla hasta las pelotas, haciendo que cada movimiento resonara en la habitación. Sus gemidos se mezclaban con el sonido de la carne golpeando contra carne, y yo sabía que no aguantaría mucho más. Metí dos dedos en su coño, sintiendo cómo sus paredes se contraían, mojando todo con sus jugos. Chris dejó escapar un gruñido cuando Adeline empezó a correrse, su culo apretándose alrededor de su verga mientras un chorro de líquido caliente salpicaba la cama. La miré fijamente, viendo cómo su cuerpo temblaba de placer, y supe que no había vuelta atrás. Esto estaba mal, pero no podía parar. Cuando Chris se corrió dentro de ella, Adeline se derrumbó sobre la cama, su respiración agitada y su cuerpo cubierto de sudor. Chris se apartó, dejando su polla brillando con los fluidos de ambas, y fue entonces cuando vi el rostro de la otra mujer, que nos observaba desde la puerta, con una mezcla de envidia y deseo. Sabía que esta noche no había terminado.