Aimee y Peter follan como locos en su casa
Ella es la reina de las cámaras con su pelo rizado y su coño depilado que siempre deja a los tíos babosos, él un escritor calvo que no para de contar palabras pero se le va la mente cuando le mete la polla dura entre sus muslos. Todo empezó cuando ella se quitó la bata mientras él tecleaba en su portátil, dejando al descubierto unos pechos redondos que se bamboleaban cada vez que respiraba fuerte. Peter no pudo resistirse y le agarró el culo prieto mientras ella se sentaba sobre su regazo, sintiendo cómo su coño mojado le envolvía la verga por completo. Aimee gimió como una perra en celo mientras él le mordisqueaba los pezones duros y le lamía el clítoris con la lengua experta, haciendo que su cuerpo se retorciera de placer. Él no tardó en tumbarla en el sofá y le abrió las piernas para hundirse en su coño apretado, empotrándola sin piedad mientras ella chillaba y le arañaba la espalda con las uñas pintadas de rojo. Peter le lamió los huevos antes de darle la vuelta y clavársela por detrás, agarrándola de la cintura para que no se moviera mientras su culo redondo rebotaba con cada embestida brutal. Ella se corrió gritando su nombre, empapando la polla de leche mientras él seguía metiéndosela sin compasión, hasta que un chorro espeso le llenó el coño de semen caliente. Aimee se limpió los labios hinchados de babas antes de arrodillarse para lamerle los huevos mientras él se masturbaba, viendo cómo la leche le caía sobre la cara. Peter la levantó del suelo con un brazo y la llevó a la ducha, donde le enjabonó el cuerpo sudoroso mientras ella le chupaba la polla bajo el chorro de agua, hasta que los dos acabaron en el suelo mojado con las piernas entrelazadas y los gemidos ahogados en el vapor del baño.