Verónica se deja tocar la pequeña concha mientras le chupa la polla
Verónica, esa morena de tetitas pequeñas y culo redondo, no podía resistirse a la polla dura de su padrastro. Desde que lo vio sin camisa, su coñito se mojaba cada vez que lo miraba. Un día, mientras él se relajaba en el sofá, ella se acercó descalza, con las pantaletas rosadas marcando su pequeña concha. Se arrodilló frente a él, le bajó el pantalón y empezó a chuparle la verga con esa boquita de puta que tiene. Sus dedos jugaban con sus pies desnudos, acariciando cada centímetro mientras él gemía fuerte. Con una mano le masajeaba las pelotas y con la otra se tocaba su coño apretado, sintiendo cómo su humedad chorreaba. Él la agarró del pelo y la empotró contra su polla, follándole la boca hasta que ella casi se ahoga. Luego la tiró sobre la mesa, le arrancó el tanga y le metió los dedos en su conchita estrecha, haciendo que gritara como una perra en celo. La penetró con fuerza, sintiendo cómo su culo perfecto rebotaba con cada embestida. Verónica no paraba de gemir, pidiendo más, hasta que él se corrió dentro de ella, llenándola con su leche caliente. Se quedó temblando, con el coño palpitando y la cara llena de saliva, sabiendo que esto era solo el principio.