Vanessa la petite rubia no para de montar a Marcorel
Vanessa, esa rubia menuda de tetitas pequeñas, no podía sacarse de la cabeza la polla negra de Marcorel. Cada vez que lo veía, se le mojaba el coño imaginando cómo se sentiría ese trozo de carne gruesa y caliente dentro de su culito apretado. Una tarde, sin avisar, se coló en su casa con un tanga ajustado que apenas cubría su trasero respingón. Marcorel, al verla, no perdió tiempo: la empotró contra la pared y le arrancó la ropa hasta dejarla completamente desnuda. Vanessa, excitada, se subió encima de él en posición de vaquera inversa, gimiendo fuerte mientras se clavaba esa verga enorme hasta el fondo. El sonido de sus nalgas chocando contra el cuerpo de Marcorel resonaba en toda la habitación, y ella no podía evitar gritar cada vez que él le agarraba las caderas para empujarla más fuerte. El sudor les corría por la piel mientras Marcorel la penetraba sin piedad, llenándola por completo. Vanessa, ya al borde del orgasmo, se corrió con un chorro de leche que le salió del coño, empapando toda la polla de Marcorel. Él, sin sacarla, le dio la vuelta y la embistió por detrás, llenándole el culo de su leche caliente. Vanessa, agotada pero satisfecha, se dejó caer sobre la cama, sintiendo cómo el semen le goteaba entre las nalgas. Marcorel, aún con la polla dura, le dio una nalgada y le susurró al oído que esto era solo el principio.