Dos rojas en lencería azul follando sin parar
Las dos inglesas llegaron con sus cuerpos bien preparados y esos culitos apretados que tanto excitan, cada una con su lencería azul que marcaba sus tetas grandes y naturales. La rubia se acercó primero y le pasó la lengua por el coño depilado a su morena, que gimió fuerte al sentir el contacto húmedo y caliente en su raja. La morena no se quedó atrás y le chupó los pezones duros a su compañera, haciéndola arquear la espalda mientras sus gemidos llenaban el cuarto. Las dos se enredaron en la cama, sus cuerpos sudorosos resbalando entre sí mientras se lamían y mordisqueaban las tetas, los muslos y hasta los dedos de los pies, que a una le encantaba acariciar con la lengua. La morena le metió dos dedos en el coño empapado de la rubia mientras esta le mordía el labio inferior, sintiendo cómo su propia excitación crecía sin control. La rubia, con sus tetas pesadas y esos pezones rosados que tanto le gustaban a su amante, se dejó caer de espaldas y abrió las piernas de par en par, invitándola a devorarle el coño hasta dejarla mojada y jadeante. La morena no perdió tiempo y se lanzó entre sus muslos, lamiéndole la entrada con movimientos circulares mientras la rubia se agarraba a las sábanas y gritaba de placer. Los gemidos se volvieron más intensos cuando la morena le metió la lengua bien adentro, sintiendo cómo el coño de la rubia se contraía alrededor de su cara. Las dos seguían enredadas, sus cuerpos sudados pegados el uno al otro, mientras la morena le susurraba al oído lo rica que estaba su amiga y lo mucho que le gustaba comerle el coño. La rubia no pudo aguantar más y se corrió con un grito ahogado, su corrida empapando la cara de la morena, que no paró hasta dejarla exhausta y temblorosa. Pero no terminaron ahí, porque la morena se dio la vuelta y se puso a cuatro patas, mostrando ese culo redondo y firme que tanto excitaba a la rubia. Esta no perdió tiempo y se le tiró encima, empotrándola con fuerza mientras le agarraba las tetas y le lamía el cuello. Los golpes del coño contra el culo resonaban en el cuarto, mezclados con los gemidos de ambas, que no paraban de repetir lo bien que se sentían. La morena se corrió primero, su coño contrayéndose fuerte alrededor de la verga de su amante, que no tardó en seguirla con un orgasmo intenso que las dejó a las dos tiradas en la cama, sudadas y satisfechas.