Dos amigas se empalan con juguetes en la oficina
Gia y Beca llevaban meses coqueteando con miradas en la sala de juntas, pero hoy la tensión se desbordó cuando se quedaron solas después del horario. La rubia le mordisqueó el lóbulo de la oreja a la morena mientras le susurraba al oído que su tanga estaba empapado de ganas, y sin perder tiempo, le arrancó la blusa dejando al descubierto unos pechos firmes que se balanceaban al ritmo de su respiración agitada. Beca, sin pensarlo dos veces, la empujó contra el escritorio de cristal y le metió los dedos en el coño empapado, arrancándole un gemido que resonó en toda la oficina vacía mientras le chupaba los pezones duros como piedras. Gia, con las piernas temblorosas, le devolvió el favor hundiendo la cara entre sus muslos y lamiéndole el clítoris hinchado con movimientos circulares que la volvieron loca, haciendo que su coño goteara sobre el sofá de cuero. Las dos se enredaron en un 69 frenético, mordisqueándose los labios, las tetas y los muslos, mientras se empalaban con sendos juguetes que rozaban sus puntos más sensibles. La morena, con los ojos vidriosos de placer, le metió un consolador en forma de U alrededor de la cintura y empezó a frotarse contra su coño mojado, sintiendo cómo el vibrador le arrancaba espasmos que le recorrían la espalda hasta hacerle arquear el cuerpo. Gia, sin poder aguantar más, se corrió con un gritito ahogado, cubriendo la cara de Beca con sus jugos mientras la morena, sin piedad, le sentó encima de su cara para cabalgarla sin piedad. Los gemidos se mezclaban con el sonido húmedo de las carnes chocando, los juguetes zumbando y el crujido de los muebles moviéndose bajo el peso de sus cuerpos sudorosos. Cuando por fin Beca se corrió, apretando con fuerza las piernas alrededor de la cintura de Gia, ambas quedaron tiradas sobre la alfombra, jadeantes y con el maquillaje corrido, sabiendo que aquel no sería el último desmadre entre ellas.