Mi culo choca con su coño mojado en la casa del amigo
Llevaba días sin poder sacarme a la rubia de la cabeza después de verla en la fiesta de su hermano, con ese vestido ajustado que marcaba cada curva de su cuerpo. Cuando me invitó a su casa para ver una película, supe que la cosa iba a terminar en algo más que un simple beso. Al cerrar la puerta, sus labios se pegaron a los míos con una urgencia que me dejó sin aliento, y sus manos, temblorosas pero decididas, me arrancaron la camisa antes de que pudiera reaccionar. Sentí sus tetas firmes contra mi pecho mientras sus dedos se enredaban en mi pelo, tirando con fuerza mientras sus gemidos ahogados me decían que ella también llevaba días imaginando esto. Me empujó contra el sofá y se subió encima de mí, el calor de su coño empapado rozando mi verga dura como una piedra, lista para reventar. Sin perder tiempo, la agarré por las caderas y la clavé contra mí, sintiendo cómo su carne se abría para mí mientras sus jugos resbalaban por mi muslo. Ella arqueó la espalda y soltó un gritito cuando mi polla entró hasta el fondo, empalándola sin piedad mientras sus uñas se clavaban en mis hombros. La forma en que su coño se apretaba alrededor de mí, como si no quisiera soltarme nunca, me volvió loco, y empecé a embestirla cada vez más fuerte, haciendo que el sofá crujiera bajo el peso de nuestros cuerpos sudorosos. Sus tetas rebotaban al ritmo de mis empujes, los pezones duros como piedras rozando mi pecho, y cada vez que su culo chocaba contra mis muslos, podía sentir cómo su coño se contraía alrededor de mi verga, desesperado por correrse. Metí mis dedos entre sus piernas para masajearle el clítoris, sintiendo cómo se mojaba aún más mientras sus gemidos se volvían más agudos y desesperados. No pasó mucho antes de que sus piernas temblaran y su coño se cerrara como un tornillo alrededor de mi polla, ahogando mi verga con su propia leche mientras se corría con un gritito ronco y nuestros cuerpos se sacudían en un orgasmo brutal. Yo no tardé en seguirla, enterrando mi polla hasta las pelotas dentro de su coño caliente y dejándome llevar por la descarga de leche espesa que me inundó las pelotas, sintiendo cómo se me escapaba hasta el último suspiro de placer antes de caer rendidos sobre el sofá, jadeando y sudando como si acabáramos de correr una maratón.