Dos putas se empotran con culos enormes
Raven Vice no pudo resistirse cuando Mia Diors se le arrimó en la fiesta con ese culo que le rebota con cada paso, duro como piedra y tan grande que le temblaban las nalgas al caminar. Le susurró al oído que hacía meses que soñaba con clavársela entre esas piernas bien depiladas, mientras sus dedos jugaban con el elástico de su tanga negro que ya mostraba una mancha húmeda de excitación. Mia no perdió el tiempo, le agarró la cara con las dos manos y le metió la lengua hasta la garganta mientras le apretaba el culo contra su muslo, sintiendo cómo ese pedazo de carne se movía como gelatina al ritmo de sus jadeos. Raven no pudo evitar gemir cuando Mia le mordió el labio inferior y le pasó las uñas por la espalda, dejando marcas rojas que pronto se llenarían de sudor y semen. Se tiraron sobre el sofá de cuero sintético que crujía con cada embestida, Raven boca arriba con las piernas en alto mientras Mia se montaba sobre ella como una diosa del infierno, sus tetas pesadas balanceándose al compás de cada empujón que le clavaba hasta las entrañas. El sonido de los cuerpos chocando llenaba la habitación, mezclado con los gruñidos de Raven y los gritos ahogados de Mia, que no paraba de repetir 'más fuerte, puta, que me revientas' mientras sus caderas se movían en círculos para que su clítoris rozara contra el pubis de su compañera. Raven no tardó en empaparse, el coño le ardía como si le hubieran echado chile, y cuando Mia le introdujo dos dedos para estirarle la entrada antes de meterle su gruesa polla de silicona, no pudo evitar correrse con un espasmo que le sacudió todo el cuerpo. Mia se rio al verla temblar, le agarró del pelo y le ordenó que se pusiera en cuatro patas para follársela por detrás como una bestia, sus nalgas sonaban como un tambor con cada embestida que le llegaba hasta el fondo del coño. Raven no pudo aguantar más, el lubricante artificial y el sudor hacían que cada movimiento fuera una tortura deliciosa, y cuando Mia le clavó los dientes en el hombro mientras le metía hasta la base, no le quedó más remedio que dejarse llevar por un orgasmo que le nubló la vista y le dejó los muslos temblorosos y cubiertos de jugos. Mia no se detuvo ahí, le dio la vuelta y se la chupó entera hasta dejarla limpia, lamiéndole hasta el último centímetro mientras Raven le agarraba la cabeza y le gritaba que no parara, que le encantaba sentir su lengua caliente y juguetona dentro de su coño palpitante. Cuando por fin se corrió en su boca, Mia tragó cada gota con una sonrisa perversa, limpiándose los labios con el dorso de la mano mientras Raven se desplomaba sobre la alfombra, exhausta pero con una sonrisa de oreja a oreja que delataba lo bien que se lo había pasado.