Sexo anal amateur con una perra dispuesta a todo
La habitación está medio oscura, solo iluminada por la luz tenue de la lamparita de noche, con esa sensación de que esto no debería estar pasando pero no podemos parar. Te voy a contar cómo mi putita personal se arrodilló frente a mí con el culo en pompa, temblando de deseo mientras me miraba por encima del hombro, suplicándome que le metiera la verga hasta reventarla. ¿Te gustaría estar en su lugar, sintiendo cómo esa polla dura te parte en dos mientras gimes como una perra en celo? Ella sabía que esto estaba mal, que no debía dejarme hacerle lo que le hice, pero cada vez que empujaba con fuerza, sus gritos se mezclaban con gemidos de placer, pidiéndome más, siempre más. Mis manos aprietan sus caderas mientras la embisto sin piedad, sintiendo cómo su culito se ajusta a mi verga como un guante, caliente y estrecho, hasta que ya no aguanto más y me corro dentro de ella, llenándola de semen caliente. Ahora, mientras la miro retorcerse de placer, solo pienso en lo sucio que fue esto, pero en lo mucho que lo disfrutamos, porque a veces el pecado sabe mejor que la inocencia.