Ryana empotra el culo a su puta sumisa antes de dejarla llena
La morena de tetas pequeñas llegó a su casa sudando la gota gorda, con el coño ya chorreando por el viaje y las miraditas que él le había lanzado toda la tarde desde la ventana. Él, con la polla dura como un poste y sin perder tiempo, la agarró de los tobillos y la volteó boca abajo sobre el sofá, sintiendo cómo el culo le temblaba bajo sus dedos al rozarlo con la yema áspera. Sin avisar, le escupió en el agujero mientras le susurraban guarradas al oído, notando cómo ella se retorcía de placer al sentir la primera embestida rompiéndole el culo sin piedad. Las manos de él se clavaron en sus caderas para empotrarla más fuerte, haciendo que los gemidos de ella se convirtieran en gritos ahogados entre los cojines, con la saliva colgándole de los labios rojos por la excitación. La morena, sin poder aguantar más, le suplicó que le llenara el coño hasta el fondo mientras él, con los huevos bien cargados, le metía los dedos en la boca para que se los chupara mientras le metía el rabo por el culo a sacudidas brutales. El sonido de los choques de carne mojada llenó la sala, mezclado con los jadeos de ella pidiendo más, más profundo, más sucio. Cuando por fin él le soltó la carga dentro del coño bien apretado, ella se corrió también, con los muslos temblando y la espalda arqueada como una perra en celo, dejando un charco de leche y jugos resbalando por sus muslos mientras él se retiraba lentamente, jadeando y con la polla aún dura. La escena terminó con ella boca abajo, con el culo abierto y brillando, y él recostado a su lado, limpiándose el sudor de la frente mientras le daba un último azote en el cachete antes de salir sin mirar atrás, dejándola con las piernas temblorosas y el coño goteando leche caliente.