Rubia caliente se traga polla negra gigante hasta ahogarse
La morena menudita no podía apartar los ojos de esa verga monstruosa que le colgaba entre las piernas y le brillaba con gotas de sudor... Se le secó la boca al ver cómo el tipo negro se agarraba el rabo con fuerza y se lo restregaba por la cara sin piedad. Antes de que pudiera pensarlo dos veces, la rubia se lanzó de rodillas y le agarró la polla con las dos manos, sintiendo cómo el calor le quemaba los dedos mientras le lamía la punta como si fuera un helado derretido. El negro gruñó fuerte y le agarró la cabeza con ambas manos, empujándosela hasta que sus labios chocaron contra sus pelotas, ahogándose con ese pedazo de carne que le llenaba la boca sin dejar espacio para respirar. La saliva le resbalaba por la barbilla mientras él le embestía la garganta con golpes lentos pero implacables, haciendo que sus ojos se humedecieran y las lágrimas le rodaran por las mejillas. Entre gemidos ahogados, ella intentaba aguantar, pero cada vez que la sacaba un poco para tomar aire, él se la volvía a clavar hasta el fondo, arrancándole un quejido que sonó como un maullido de gata en celo. Cuando por fin la soltó, la rubia tosió y escupió un hilo de babas antes de que él la levantara como si no pesara nada y la tirara boca arriba sobre la cama, con las tetas pequeñas rebotando bajo su cuerpo. Le arrancó el tanga de un tirón y le metió dos dedos en el coño para comprobar lo mojada que estaba, sintiendo cómo el jugo le resbalaba por los nudillos mientras ella gritaba pidiendo más. El negro no esperó ni un segundo: se puso de pie, le agarró las piernas y se la empotró de una sola estocada, partiéndola en dos con esa verga que parecía un bate de béisbol. Ella chilló como una posesa, clavándole las uñas en la espalda mientras él le metía y le sacaba la polla a toda velocidad, haciendo que la cama crujiera como si fuera a romperse en cualquier momento. Los gritos se mezclaban con los sonidos húmedos de cada embestida, y cuando por fin sintió que el negro se le corría dentro con un rugido animal, ella se vino al mismo tiempo, contrayendo el coño como si quisiera ordeñarle hasta la última gota de leche caliente que le llenaba las entrañas.