Rubia loca se corre a chorros en silla ginecológica
Goldie entra a la consulta con una sonrisa pícara y el coño ya goteando de anticipación, sabiendo que hoy no va a dejar ni un centímetro sin probar. La silla ginecológica cruje bajo su culo desnudo mientras se acuesta con las piernas bien abiertas, el espejo entre sus muslos reflejando su coño rosado y empapado. Primero agarra el vibrador de doble punta, ese que le lame el clítoris al mismo tiempo que le penetra la raja con fuerza, y lo empuja hasta el fondo sin piedad. Los gemidos ahogados se le escapan de la garganta mientras la máquina de squirt se enciende con un zumbido obsceno, clavándole el consolador de acero en el coño con embestidas brutales que le hacen saltar los pechos al ritmo de cada golpe. No tarda en agarrar el segundo juguete, un dildo grueso con ventosas que le chupa los labios vaginales mientras le frota el clítoris hinchado, y con la otra mano se revuelve los pezones duros como piedras. El charco debajo de su culo ya es enorme, su flujo le resbala por las nalgas y le moja el coño cada vez que la máquina la empala sin piedad, hasta que siente ese nudo en el bajo vientre que le anuncia que el orgasmo viene como un tren de carga. Grita con la boca llena de saliva, los muslos temblando mientras el primer chorro le sale disparado como un géiser caliente, empapándole las sábanas y las piernas, y el segundo chorro le escurre por el culo formando un reguero baboso que le deja el coño palpitante y la piel pegajosa de sudor y babas. Cuando por fin se relaja, jadeando como una perra en celo, aún le queda suficiente leche en las tetas para que el vibrador no pare de trabajar hasta sacarle el último temblor, dejando su coño en carne viva pero completamente satisfecho.