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Lisa de 33 años no aguanta más su calentura

7:09 1080P 0 Rubias Calientes Y Sensuales
empotrada contra la paredcorrida intensa dentrotetas grandes y duraspolla gruesa y profundacuerpo sudoroso y sudadocoño empapado y calienterubia de 33 añosgemidos desesperados y fuertessexo salvaje en fiestatetas redondas y firmes
Estúdio Jacquieetmichel

La rubia de curvas ajustadas y tetas grandes llegó sudando a la fiesta con el vestido pegado al cuerpo, mostrando cada centímetro de piel como si estuviera suplicando que la tocaran. No pasó ni cinco minutos antes de que él, un tipo alto y musculoso, la arrinconara contra la pared del jardín con la polla ya dura como un fierro bajo los pantalones. Ella gimió fuerte al sentirla rozando su muslo, mordiéndose el labio inferior mientras le susurraba al oído que llevaba semanas pensando en eso, en cómo sería sentir esa verga gruesa hurgando entre sus piernas. Él no necesitó más invitación: con un tirón brusco bajó el escote del vestido para liberar esas tetas redondas y firmes que pedían a gritos ser lamidas y mordisqueadas. Las gotas de sudor le resbalaban por el cuello mientras ella se retorcía, con el coño empapado ya por la anticipación, esperando a que esa polla enorme la abriera de par en par. Él la levantó en volandas sin esfuerzo, apoyándola contra la pared con las piernas enredadas en su cintura, y sin más preámbulos le arrancó las bragas de un tirón para dejarla completamente expuesta. La primera embestida la hizo gritar, con los ojos vidriosos y los pezones duros como piedras bajo sus dedos, mientras él la empotraba una y otra vez, sintiendo cómo su coño se apretaba alrededor de su verga cada vez que la llenaba hasta el fondo. El sonido húmedo de la carne chocando contra carne llenaba el aire, mezclado con los gemidos desesperados de ella, que no paraba de repetir que se corría, que no podía más, que quería sentirlo dentro hasta ahogarse. Él aceleró el ritmo, agarrándole el culo con fuerza para clavársela más hondo, hasta que los dos estallaron en un orgasmo brutal: ella con la espalda arqueada y la boca abierta en un gritó ahogado, él con los testículos contraídos y el semen brotando a chorros dentro de ese coño que lo había vuelto loco desde el primer momento. Cuando por fin la dejó caer al suelo, temblorosa y con las piernas como gelatina, él le pasó un dedo por el coño chorreante y se lo llevó a la boca para saborear su propio trabajo.

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