Polla gorda se frota en el tren de montaña
El viaje en tren por las montañas prometía ser aburrido hasta que noté que el asiento de enfrente estaba vacío. Me bajé la cremallera con disimulo y saqué mi verga gruesa, ya dura de solo imaginarme que alguien pudiera pillar el movimiento. La polla palpitaba entre mis dedos, caliente y pesada, mientras la acariciaba lento al principio, sintiendo cómo la sangre se agolpaba en la punta. El tren traqueteaba, pero los gemidos quedos que escapaban de mi boca se mezclaban con el ruido de las vías. La piel de los huevos se tensaba con cada bombeo, y el placer subía por la columna mientras me imaginaba una boca chupándome hasta el fondo. Con la otra mano, apreté mis bolas hinchadas, sintiendo cómo el calor se acumulaba en la base. El tren se adentraba en un túnel oscuro, y eso me dio el valor para acelerar el ritmo, frotando la verga con fuerza hasta que el semen brotó en chorros espesos sobre mi mano. La corrida fue intensa, pegajosa, y me quedé jadeando, con la polla aún latiendo entre mis dedos mientras el tren salía del túnel. El asiento vacío seguía vacío, pero ahora olía a sexo y a sudor, y yo me limpié la mano en los pantalones, satisfecho y con la verga aún medio dura, lista para otra ronda si el viaje se alargaba.