Madrastras pecadoras follan en el cuarto de lavado
Te la encuentras ahí, con esa falda corta que lleva solo para provocarte, restregándose mientras dobla la ropa. La madrastrasa Alinarai te mira fijamente, sonriendo mientras se lame los labios, sabiendo que no puedes resistirte a su culo prieto y esas tetas enormes que rebotan cada vez que se inclina. La agarras de la cintura, empujándola contra la lavadora, sintiendo cómo su coño ya chorreaba antes de que siquiera la toques. La volteas, le arrancas el tanga y te hundes de una sola estocada, escuchando su gemido ahogado mientras tus bolas chocan contra su piel. Te la comes entera, sintiendo cómo su culo se aprieta alrededor de tu polla, gimiendo más fuerte cada vez que la clavas hasta el fondo. La escuchas maldiciendo, rogando que no te corras aún, pero tú solo aceleras, hundiéndote más duro, más rápido, sintiendo cómo su cuerpo tiembla bajo el tuyo. Por fin, la llenas entera, dejando que tu leche le gotee por los muslos mientras ella jadea, todavía temblando. “¿Así querías que te tratara, puta?”, le susurras al oído, sabiendo que esto solo fue el principio.