Madrastras calientes cumpliendo órdenes del hijastro pervertido
Aquel mediodía en el sofá de la sala, cuando todos creían que estaba solo, mi polla ya llevaba días pidiéndome a gritos que le sacara la verdad a la puta madrastras. Las miradas robadas en el pasillo, los roces 'accidentales' al pasar, el modo en que se mordía el labio cada vez que me pillaba mirándole el culo redondo — todo señalaba que esa tía estaba pidiendo a voces que la empotraran. Así que aquella tarde, con el pretexto de un 'juego de obedecer', la hice arrodillarse frente a mí, succionando mi verga como una profesional mientras sus tetas gigantes rebotaban con cada gemido ahogado. No le dio asco nada: tragó hasta la última gota cuando me corrí en su garganta, pero lo mejor vino después, cuando le ordené ponerse a cuatro patas y mostrarme ese coño jugoso que llevaba semanas imaginándome. En más de 17 minutos, le metí tan duro que sus gritos rebotaban en las paredes, con mi polla hundiéndose hasta hacerla temblar cada vez que las caderas chocaban contra su trasero. Para cuando terminé de rellenarle el culo con mi leche, el brillo en sus ojos me dijo que esta puta llevaba años esperando este momento.