Madrastra le da duro a hijastro en la cocina
La madastra llevaba días probando su suerte con miraditas desde el porche cada vez que el chico pasaba en shorts ajustados... Su culo prieto y sus tetas redondas bajo la blusa mojada no dejaban dudas de lo que traía en mente. Cuando el joven entró a la cocina buscando un refresco, ella ya lo tenía contra la nevera con la polla dura rozándole el muslo. Sin mediar palabra, le bajó el pantalón y le ordenó chupar sus tetas mientras le frotaba el culo con la mano abierta, sintiendo cómo el coño le ardía de ganas. El hijastro no pudo resistirse a meterle los dedos entre las piernas, notando que estaba empapada, y ella le susurró al oído 'si no me empotras ahora mismo, te mando a tu cuarto sin correrte'. La posición del perrito lo enloqueció: su culo se movía como un resorte mientras él le clavaba los dedos en las caderas y ella gemía con cada embestida, sintiendo cómo su polla gruesa le abría el coño hasta el fondo. Pasó de la cocina al sofá sin soltarla, donde ella lo montó al revés para que le lamiera los pezones mientras le apretaba las nalgas para que no se le escapara ni un centímetro de su verga. Los gritos se mezclaban con el sonido de los muslos chocando contra su culo, que no paraba de temblar con cada embestida profunda. Cuando ella sintió que la leche le quemaba la garganta, lo empujó contra la pared y se arrodilló para tragárselo entero, con los labios bien apretados alrededor de la cabeza gruesa mientras le masajeaba los huevos con fuerza. Él no aguantó más y se corrió dentro de su boca, sintiendo cómo el semen caliente le resbalaba por la garganta mientras ella se limpiaba los labios con la lengua y le mordía el labio inferior. El hijastro quedó tieso contra la pared, con las rodillas temblorosas y los huevos vacíos, mientras ella se levantaba mostrando el coño enrojecido y le susurraba 'ahora sí te ganaste ese refresco, pero la próxima vez no habrá clemencia'.