Colombiana de curvas pone al hijastro en su sitio
La colombiana llevaba días coqueteando con él desde el balcón, mordiéndose el labio cada vez que él se quitaba la camiseta sudada después del gimnasio. Pero hoy no iba a conformarse con miraditas de lejos, así que se plantó en su habitación con un tanga negro tan fino que parecía pintura y unas tetas grandes que rebotaban al caminar como si fueran de gelatina. Él no pudo evitar quedarse boquiabierto cuando la vio allí, apoyada en la puerta con las piernas abiertas y el coño ya brillando de lo mojada que lo tenía, así que no dudó ni un segundo en soltarle el cinturón y sacarse la verga dura que llevaba horas palpitando de ganas. Ella se agachó de inmediato, chupándosela con saliva babosa y movimientos de cabeza exagerados, haciendo que le temblaran las tetas mientras le agarraba los huevos con una mano y le metía dos dedos en el culo con la otra, dejándolo sin aliento. Cuando ya no pudo más, la levantó en el aire y la empotró contra la pared, clavándole la polla hasta el fondo mientras ella gritaba y le arañaba la espalda, con el culo redondo rebotando al ritmo de cada embestida brutal. Él le agarraba las tetas a dos manos, apretándolas hasta que los pezones rosados le dolían, y ella se retorcía de placer, gimiendo que la llenara más hondo, que le diera hasta el último centímetro. Cambió a la postura del perrito, poniéndola de rodillas en el suelo con las tetas colgando y el culo en pompa, metiéndosela tan fuerte que le salían chasquidos cada vez que su pelvis golpeaba contra sus nalgas, que temblaban como gelatina al ritmo de los golpes. Cuando sintió que se le venía la corrida, la sacó de golpe y le escupió en el coño depilado antes de correrse sobre su barriga, dejando hilos espesos de leche caliente mientras ella se masturbaba con los dedos, frotándose el clítoris hinchado hasta correrse con un aullido que le heló la sangre. La dejó tirada en la cama, con la espalda pegajosa de sudor y el coño todavía goteando, mientras él se limpiaba los restos de semen de la polla y se reía al verla tan satisfecha, con las piernas abiertas y los muslos temblorosos de tanto placer.