Mi hermanastra me chupa la polla en casa vacía
Llevaba días sin poder sacarme de la cabeza los labios carnosos de mi hermanastra cada vez que se quitaba la camiseta para secarse el pelo... hoy no pudo resistirse y se me lanzó como una perra en celo cuando supo que la casa estaba sola. Empecé a sobarle el culo prieto mientras me agarraba la verga dura como un palo y me la metió en la boca sin avisar, tragándosela hasta la garganta con esos gemidos que me vuelven loco. La tumbé en el sofá boca arriba y le abrí las piernas para ver cómo le brillaba el coño empapado, así que le metí los dedos bien hondo hasta que me suplicó que no parara de hurgarle dentro. Se la chupé con ganas mientras le sobaba las tetas pequeñas pero duras, y cuando ya no pudo más, me la montó al revés para empalarse con mi verga gruesa, rebotando el culo redondo contra mis muslos mientras gritaba que no se quería correr todavía. Cambiamos a perrito y le agarré las caderas para clavársela hasta el fondo, sintiendo cómo su coño se contraía cada vez que le daba un golpe seco en el punto gordo, hasta que se le escapó un gemido gutural y se corrió chorreando por toda mi polla. Me la tiré de espaldas y le llené la boca de leche mientras ella se limpiaba los restos con la lengua, jadeando y pidiéndome más con esa mirada de zorra insaciable que tiene desde que era una niña. Su culo no paraba de temblar mientras le daba los últimos embestidas lentas, y cuando por fin se dejó caer sobre mí sudorosa y rendida, supe que esta follada en casa vacía se iba a grabar para siempre en mi memoria.