Madrastra colombiana se corre con mi polla en la playa
La madrastra de 35 años llegó a la playa con ese tipazo que siempre me pone los huevos duros, con esos pechos naturales que rebotan cuando camina y ese culo redondo que no para de moverse bajo el bikini. Desde que llegamos no dejé de mirarla mientras se ponía aceite en las tetas, lamiéndose los labios con esa lengua que sabe a pecado. En cuanto me acerqué con el dildo en la mano, ella ni pestañeó, se quitó el tanga mojado y me susurró al oído que quería que la empotrara como solo yo sé. La tiré sobre la toalla, le abrí bien las piernas y le metí la verga hasta el fondo mientras le apretaba los muslos para que no se moviera, sintiendo cómo su coño caliente me chupaba la polla con cada embestida. Ella gemía como una puta desesperada, con los dedos enredados en la arena y la espalda arqueada, pidiendo más sin parar. Le agarré el pelo y le metí la polla hasta la garganta, sintiendo cómo su saliva resbalaba por mi tronco mientras me ahogaba en su boca, sus tetas chocando contra mi pecho con cada embestida profunda. Cuando ya no pudo más, la giré boca abajo y le levanté el culo para clavarle la verga en el coño desde atrás, escuchando los golpes de mi carne contra sus nalgas mientras ella gritaba que se iba a correr. Le metí dos dedos en el culo mientras le follaba el coño, sintiendo cómo su cuerpo temblaba y su flujo me empapaba los huevos, y en cuanto noté que se iba a correr, le saqué la polla y le disparé la leche en la cara, cubriéndole los pechos, la boca y hasta las pestañas, mientras ella se limpiaba con los dedos y se los chupaba sin perder detalle. La playa entera podía escuchar sus gemidos, pero a nadie le importó cuando le llené la garganta de semen y le dejé el cuerpo temblando sobre la toalla, con el coño palpitante y la cara brillante de mi corrida.