La directora cachonda chupa polla hasta correrse
La directora entró a su oficina con una sonrisa pícara y las tetas rebotando bajo su blusa ajustada, sabía que él no resistiría su mirada de perra en celo. Se acercó como una gata en busca de carne fresca, desabrochándose el botón de la falda mientras se mordía el labio inferior con los dientes bien blancos. Le agarró la verga con las dos manos y se la llevó a la boca sin pensarlo dos veces, saboreando el líquido preseminal que ya asomaba en la punta como un aperitivo de lo que venía. Chupaba con fuerza, moviendo la lengua en círculos sobre el glande y gimiendo cada vez que él le agarraba el pelo para empujarla más profundo, hasta tocarle la garganta como si fuera su coño favorito. La polla le llenaba la boca por completo, rozándole las amígdalas mientras ella ahogaba un gemido entre sus muslos apretados, con la falda arremangada hasta la cintura dejando ver sus bragas empapadas de anticipación. Él jadeaba sin control, sintiendo cómo la saliva le resbalaba por los huevos mientras ella le masajeaba las bolas con una mano y le acariciaba el perineo con la otra, como si supiera exactamente dónde tocar para volverlo loco. Los sonidos húmedos de su boca chupando resonaban en el silencio de la oficina, mezclados con los gemidos ahogados de ella cuando él le agarraba la nuca y le metía la polla hasta el fondo, obligándola a tragar cada gota de pre-semen que le brotaba. La directora no podía más, las tetas le temblaban al ritmo de los empujones y el coño le ardía de ganas, pero no quería correrse todavía, quería que él se desbordara primero para sentirlo caliente y espeso deslizarse por su garganta. Cuando sintió el primer chorro grueso golpeándole la campanilla, cerró los ojos y tragó con avidez, dejando que la leche caliente le llenara la boca hasta goteársele por las comisuras, manchándole el vestido de blanco mientras seguía chupando sin piedad hasta dejarlo seco. El esperma le resbalaba por la barbilla en hilos brillantes, pero ella no se inmutó, se lamió los labios como si fuera el mejor manjar que había probado en años y le guiñó un ojo con una sonrisa de puta satisfecha.