Dos corridas de leche en la misma noche loca
La madrastra no podía apartar la vista de ese culo prieto y redondo que se le marcaba bajo el vestido ajustado cada vez que su hijastro pasaba por el salón... Le encantaba provocarla con sus miradas mientras se frotaba la polla por encima de los jeans. La chica, flaquita pero con un coño bien apretado que le pedía guerra, no tardó en tirarse encima de él en plan perra en celo. Él la agarró fuerte de las caderas y empezó a empotrarla contra la pared, haciendo que sus tetas botaran con cada embestida profunda que le clavaba hasta las entrañas. Mientras gemía como una puta en celo con la boca bien abierta, él le metió los dedos en la concha para que sintiera lo mojada que estaba y le escupió en el culo para excitarla más. La cosa se puso más caliente cuando la madrastra llegó sin avisar y se encontró a los dos follando como animales en el sofá. Sin pensarlo dos veces, se quitó el camisón y le suplicó que le encendiera el coño con su verga enorme, así que él se la clavó de una sola estocada mientras la chica le seguía chupando la polla con desesperación. Entre gritos, babas y chorros de leche volando por todas partes, los tres se corrieron como posesos: primero la flaquita con un orgasmo que le retorció el cuerpo entero, luego la madrastra tragándose hasta la última gota que le escupió en la boca, y por último él mismo regando el coño prieto de la chica con un chorro espeso que le dejó las piernas temblando. La sala quedó hecha un desastre, con la alfombra llena de babas, los sofás embarrados de leche y las tres bocas buscando más carne para seguir devorando. Cuando por fin se quedaron sin fuerzas, la madrastra le susurró al oído que esto no había hecho más que empezar y que la próxima vez quería que la follara por el culo mientras la hijastra le chupaba los huevos...