Lalita Singh chupa la polla de su marido con lengua traviesa
La habitación estaba en penumbra, con la luz de la lámpara dibujando sombras en las paredes mientras mi cuerpo desnudo se arqueaba sobre las sábanas revueltas. No esperaba que mi marido tuviera una polla tan gruesa, pero cuando la vi por primera vez, algo en mí se encendió: era más grande de lo que imaginaba, y eso me volvió loca. Me arrodillé frente a él, sintiendo cómo mi coño se mojaba al verla erguida, palpitante, pidiendo que la chupara. Empecé lento, pasando la lengua por el glande, saboreando cada gota de líquido preseminal que brotaba. Él gimió fuerte, y eso me excitó más: me encantaba ser la puta que lo volvía loco. De pronto, sin avisar, me la metí entera en la boca, hasta que las lágrimas me brotaron por la garganta. No podía creer lo bien que me llenaba, cómo me ahogaba con cada embestida, pero no quería parar. Mi marido me agarró del pelo, guiando mis movimientos, y yo gemía con la polla enterrada hasta el cuello del útero. Sentía sus huevos golpeando mi barbilla, y eso me volvió más salvaje: chupaba con más fuerza, tragando cada centímetro como si fuera la última vez. Cuando por fin se corrió, el semen caliente me inundó la boca, y yo lo tragué todo, lamiendo hasta la última gota. Al terminar, vi la marca de mis dientes en su muslo, donde lo había mordido sin querer en el calor del momento.