La pelirroja se empotró sin piedad por cuatro pollas
La morena de tetas enormes ya no pudo resistirse cuando sus amiguitos le metieron mano en la fiesta, así que se quitó la blusa al instante y dejó que le manosearan los pechos mientras le lamían los pezones bien duros. Uno tras otro le fueron bajando el short hasta dejarle el coño al aire, reluciente y empapado, y sin perder tiempo uno se tiró de rodillas a chupársela con avidez mientras los demás se desnudaban como locos. Ella gemía sin control cada vez que le metían los dedos bien adentro, pero lo que más le encantaba era sentir cómo le empotraban la polla hasta el fondo, primero en la boca, luego en el coño y al final en el culo, que ya le ardía de ganas. Los tres primeros se corrieron en su boca y en su entrepierna, llenándola de leche espesa que le resbalaba por los muslos y le mojaba el tanga hecho jirones. El último le agarró la melena pelirroja con fuerza y le metió la verga más gruesa de todas, tan grande que le llegaba hasta la garganta, mientras le decía que se dejara llenar bien hasta que no cupiera ni una gota más. Ella no pudo aguantarse y se corrió gritando, sintiendo cómo le inundaban el vientre con chorros calientes que le quemaban por dentro y le dejaban la barriga bien marcada con cada embestida. Los cuatro terminaron jadeando, con la polla aún temblorosa y el cuerpo cubierto de babas y sudor, mientras ella se retorcía de placer al sentir cómo le goteaban los jugos por las piernas. Cuatro pollas en una sola noche, cuatro corridas bien profundas y un coño que no paraba de gotear leche pegajosa por todas partes.