La muchacha de limpieza se abre de patas para el joven dueño
La nueva empleada doméstica llegó con su uniforme ajustado y una sonrisa pícara que delataba sus ganas de follarse al dueño de la casa. Desde el primer día, cada vez que se agachaba a limpiar, dejaba ver su culo redondo y apretado, haciendo que el joven no pudiera quitarle los ojos de encima. Un día, él la sorprendió en el lavadero con las piernas abiertas, frotando su coño mojado contra la escoba mientras gemía bajito. Sin pensarlo dos veces, se acercó por detrás, le arrancó el tanga y le metió la polla hasta el fondo, haciéndola gritar de placer. Ella se apoyó contra la pared, arqueando la espalda para que él la empotrara más fuerte, sintiendo cómo su verga gruesa la llenaba por completo. Las embestidas eran brutales, el sonido de los cuerpos chocando resonaba en toda la casa, y cuando él le agarró las tetas y le mordió el cuello, ella se corrió como una puta en celo. Él no tardó en vaciarse dentro de su coño caliente, dejando su leche blanca escurriendo por sus muslos temblorosos. Al terminar, ella se limpió con un trapo y le sonrió, sabiendo que esto no sería la última vez que follaban así.