La esposa del pastor se corrió con el culo de Ejass y habló en lenguas
El olor a sudor y lujuria llenaba el aire cuando me arrodillé frente a ese culo perfecto, negro y firme, que Ejass movía con descaro solo para provocarme. ¿Te gustaría estar en mi lugar, viendo cómo ese trasero se balanceaba frente a ti, sabiendo que era tuyo para devorar? Lo hice, claro, pero no sin antes dejarle claro que llevaba días provocándome: fotos en ropa interior, rozándose contra mí en la cocina, susurrándome al oído lo que quería que le hiciera. No aguanté más y la empujé contra la pared, bajándole las bragas de un tirón para hundir mi lengua en ese coño mojado que ya goteaba por mí. Gemía como una puta en celo, pero no era suficiente: quería más, así que le di una nalgada que resonó en toda la habitación. Ella gritó, pero no de dolor, sino de excitación, y eso me volvió loco. La giré, la puse de rodillas y le clavé la polla hasta las pelotas, sintiendo cómo su culo apretado me envolvía como un guante. Cada embestida la hacía gritar más fuerte, y cuando le agarré el pelo para follarle la boca, sus gemidos se convirtieron en un balbuceo incoherente, como si hablara en lenguas. No paré hasta que su cuerpo tembló y se corrió, pero lo que más me excitó fue ver la cara de satisfacción de Ejass, sabiendo que había sido yo quien la había llevado al límite.