La dentista Polly Persch me recibió en su casa y acabé empotrándola hasta el cuello del útero
El sonido de sus tacones resonó en el pasillo cuando abrió la puerta, pero no era para una consulta: sus ojos brillaban con esa mirada de puta que solo usa cuando quiere venganza. La muy zorra me invitó a pasar, sabiendo que su ex novio me había visto en su perfil de redes, y eso la encendía más. Mi polla ya estaba dura antes de que se quitara la bata, mostrando esas tetas perfectas que rebotaban con cada paso. La tiré sobre el sofá y le arranqué el tanga con los dientes, hundiendo la lengua en su coño mojado mientras ella gemía como una perra en celo. Igordemarco, que grababa todo, no perdía detalle de cómo le metía los dedos hasta hacerla gritar. Cuando no pudo más, me montó como una amazona, cabalgándome con furia mientras sus jugos me chorreaban por los huevos. La volteé y le di por el culo, sintiendo cómo su apretado agujero me apretaba como un guante. Se corrió tres veces antes de que yo le llenara la boca, pero la muy puta seguía pidiendo más. La próxima vez, le haré tragar mi leche mientras otro la empotra por detrás.