Madrastra caliente se empotra con hijastra y su mejor amiga
La madrastra llevaba días observando cómo su hijastra se retorcía en el sofá mientras su mejor amiga le chupaba los pezones duros como piedras. Esa noche, el aire olía a cerveza derramada y a coño mojado cuando él llegó del trabajo con el cinturón aún abrochado y la polla ya dura bajo los pantalones. Sin perder tiempo, la hijastra se lanzó sobre su regazo, sintiendo el bulto palpitante contra su culo desnudo mientras le susurraba al oído lo mucho que extrañaba sentirlo dentro. Su mejor amiga, una morena de curvas salvajes, no se quedó atrás y se arrodilló frente a ellos, agarrando el tronco grueso con una mano y metiéndoselo hasta la garganta sin aviso. Los gemidos llenaron la sala mientras la madrastra, con las tetas rebotando sin control, se empalaba contra la verga que la hijastra le clavaba con fuerza desde atrás, los labios hinchados de la menor mordisqueándole el hombro para no gritar. El novio, con los huevos apretados y la respiración entrecortada, empezó a embestir sin piedad, haciendo que la mejor amiga se atragantara con cada empujón hasta que el líquido caliente le brotó por la boca en chorros gruesos y blancos, resbalando por su barbilla mientras tragaba con ansias. La hijastra, con las piernas temblorosas, se dejó caer hacia adelante sobre el regazo de la madrastra, sintiendo cómo la polla resbaladiza se deslizaba entre sus nalgas antes de hundirse hasta el fondo, arrancándole un aullido que resonó en las paredes. La morena, con los muslos pegajosos por los jugos derramados, se subió encima del novio para montarlo al revés, mordiendo su labio inferior mientras sus tetas golpeaban contra su pecho al ritmo de las embestidas brutales. La madrastra, con los ojos vidriosos y los pezones duros como clavos, se corrió con un espasmo que le sacudió el cuerpo entero, empapando la verga que la penetraba sin piedad hasta que el novio, con un gruñido animal, la llenó por dentro con su leche espesa, haciendo que todas gritaran como putas en celo mientras el sofá crujía bajo sus cuerpos sudados y jadeantes.