Follando a la madrastra de mi hijastro mientras él no estaba
Llevaba semanas mirándome con esa mirada de puta hambrienta, y yo no podía aguantar más. Cada vez que David Tout se iba, ella se acercaba a mí con cualquier excusa, rozándome el brazo, mordiéndose el labio, y yo ya no podía resistir. Un día, cuando él salió, la empujé contra la pared y le metí la lengua hasta la garganta. Sus tetas enormes rebotaban mientras le bajaba el pantalón y le hundía la cara en el coño, chupando cada gota de su jugo. Ella gemía como una loca, agarrándome del pelo, y yo le metía los dedos hasta que los tenía empapados. Cuando ya no pudo más, me la cargué sobre la mesa y le clavé la polla de una estocada, sintiendo cómo su culo apretado me envolvía. Cada embestida la hacía gritar más fuerte, y yo le agarraba las tetas mientras la empotraba sin piedad. Al final, me corrí sobre sus tetas perfectas, viendo cómo su cara se retorcía de placer. Ahora solo piensa en cuándo volver a hacerlo.