El borracho chupa dos pollas y traga leche
El muy putito no podía ni mantenerse en pie cuando se le ocurrió meterse entre los dos con una sonrisa de borracho, pero en cuanto le agarraron del pelo y le metieron la primera polla hasta la garganta su cara cambió por completo. El cabrón se la aguantó con los ojos llorosos mientras le daban lentas embestidas en la garganta, tragando saliva y leche sin rechistar hasta que le escupieron entre toses para darle un respiro. Pero no duró mucho, porque en cuanto le lamieron los huevos y le chuparon las pelotas como si fueran un caramelo, el muy guarro se le puso dura otra vez y les suplicó que no pararan. Le pusieron de rodillas en el suelo, con el culo bien abierto y goteando, mientras le restregaban la polla contra la cara para que la chupara con más ganas, y él no se hizo de rogar: se la metió toda en la boca hasta ahogarse con los huevos del primero, que le empujaban la garganta sin piedad. Entre gemidos ahogados y babas colgando, el muy puto se retorció cuando le empujaron los dos palos por el culo a la vez, sintiendo cómo el agujero se le abría como nunca antes lo había hecho, con chorros de leche caliente resbalando por el coño cuando le sacaron las pollas para correrse sobre su espalda sudada. Los dos le agarraron de los hombros y lo empotraron contra el suelo, con las piernas temblando mientras le metían hasta los huevos en el culo, sacudiéndolo como un trapo hasta que le salieron burbujas de leche por el coño cuando eyacularon dentro de él sin parar. Cuando por fin se desplomó en el charco de leche y babas, aún se le movía el culo de lo sensible que estaba, y los dos le escupieron en la cara para que lamiera sus propias corridas mientras jadeaba como un perro con la lengua fuera, con los labios llenos de semen y la polla medio dura otra vez, pidiendo más aunque sabía que no podría aguantar ni un segundo más. Le llenaron los huecos de leche hasta que el suelo brillaba bajo su cuerpo, y entonces lo dieron la vuelta para lamerle los pies empapados de sudor y leche, mientras él gemía como una zorra en celo, con los muslos pegajosos y el coño chorreando leche por todos lados.