Chica tailandesa con culito apretado recibe por el culo
La tailandesa de piel dorada y cuerpo escuálido lleva días empujando ese culito respingón contra la pared del baño, mordiéndose los labios cada vez que siente el bulto de la polla dura al otro lado de la puerta. Cuando la abre de par en par, la morra se le viene encima sin decir ni pío, le arranca el short con los dientes y se deja caer de rodillas sobre el azulejo frío mientras le lame la verga desde la base hasta el glande, chupando con esos labios carnosos que parecen hechos para mamarla sin piedad. Él la agarra de la coleta y la obliga a tragarse hasta la garganta, sintiendo cómo se le escurre la saliva por la barbilla mientras sus gemidos ahogados llenan el baño. De un tirón la pone boca abajo contra el lavabo, le sube la falda tableada para dejar al descubierto ese culito prieto y tembloroso, le escupe en el ano y con un empujón brutal la empala sin protección, sintiendo cómo la carne se le abre paso sin resistencia mientras ella suelta un alarido que hace vibrar los espejos. Las embestidas son salvajes, el choque de caderas resuena en el pequeño espacio y sus tetas planas rebotan contra el mármol helado al ritmo de cada golpe. Ella no para de gritar que le rompa el culo, que le meta toda la verga hasta que le reviente el agujero, mientras sus uñas arañan el azulejo buscando un agarre que no encuentra. Cuando por fin siente que la polla se le hincha dentro, la saca de golpe, la gira y se corre en la cara de la tailandesa, pintándole mejillas, labios y hasta el pelo negro con chorros gruesos de leche caliente. La morra se lame los restos de semen de los labios antes de arrodillarse de nuevo, esta vez para limpiar bien la verga con la lengua hasta dejarla reluciente, sin desperdiciar ni una gota de lo que le acaba de regalar.