Carla Morelli disfruta un doble anal de venganza con Papi Rodríguez
—Hoy te voy a enseñar lo que es un hombre de verdad— susurra Carla, mordiéndose el labio mientras se inclina ante Papi Rodríguez. Su culo redondo y experimentado ya está mojado, temblando de anticipación, pero esta vez no es por placer, es por rencor. Atrás queda el idiota que la dejó con las ganas, ahora solo importa la polla dura de Papi, gruesa y palpitante, lista para abrirla hasta que duela. Carla gime cuando él le escupe en el ano, lubricando el camino antes de empujar sin piedad, sintiendo cómo su coño chorreante se contrae de pura lujuria. Papi Rodríguez la agarra de las caderas con fuerza, marcándole las uñas en la piel mientras la penetra de una estocada, su verga desapareciendo entera dentro de ella. Carla gruñe, las lágrimas le nublan la vista, pero no se detiene, arqueando la espalda para recibir más. —¡Sí, así, cabrón, rompe lo que él no pudo!— grita, y Papi sonríe, sabiendo que está marcando territorio. Sus bolas golpean contra su clítoris hinchado cada vez que entra, el sonido húmedo de la carne chocando llena la habitación. Cuando Yeri Blue se une, chupando su polla con avidez, Carla pierde el control, sintiendo cómo dos vergas la llenan al mismo tiempo, una en su boca y otra en su culo. El sudor le resbala por los muslos, mezclándose con el flujo que le baja por los muslos, mientras los gemidos se vuelven más agudos. —¡Me voy a correr como una perra!— grita, y Papi la agarra del pelo, follándole la cara mientras Yeri le clava los dedos en el coño. El orgasmo la sacude, su cuerpo temblando mientras los dos hombres se vacían dentro de ella, llenándola hasta rebosar. Cuando por fin se apartan, Carla queda tirada en la cama, jadeando, con la saliva seca en su barbilla y un manchón blanco en su culo apretado. La luz de la luna ilumina su cuerpo exhausto, y en el suelo, abandonado, está el tanga que antes usaba, ahora hecho jirones.