Bri Brooks descubre el negro más grande del hotel y se deja llenar de leche
El hotel tenía esa luz tenue que siempre me pone caliente, con las cortinas medio cerradas y la cama deshecha desde el mediodía. Yo ya me estaba tocando el coño con los dedos cuando él apareció en la puerta, grande, oscuro, con esa polla enorme que ni siquiera podía creer. Al segundo que me vio, supo que yo era una puta hambrienta y se acercó sin decir nada, como si ya supiera que mi coño estaba más mojado que un río. Me tiró sobre la cama y empezó a chuparme las tetas mientras yo le agarraba el miembro, duro como una piedra, y no podía creer que fuera a meterme eso. Cuando lo hizo, fue como si el mundo se abriera: mi coño se estiró hasta las pelotas, y él gruñó como un animal mientras yo gemía sin control. Me encantó cómo me agarró de las caderas para clavarme más fuerte, hasta que sentí cada centímetro de esa verga negra llenándome por completo. No podía pensar en nada más que en cómo me estaba rompiendo el culo con cada embestida, y cuando empezó a correrse dentro de mí, su leche caliente me llenó entero, caliente y espesa. Ahora solo pienso en cómo este negro me descubrió un lado mío que ni yo sabía que existía.