Victoria Pure y Cayla se desafían con su orina en una escena caliente
Yo, Victoria, siempre tuve ganas de ver hasta dónde podía llevar a Cayla, y esa vez aposté que no aguantaría mi meada en su boca sin gemir fuerte. Empezamos en la cama, riendo, pero en segundos ya le estaba bajando el tanga para que su coño mojado quedara al aire. Ella se rio, pero cuando le rocié un chorro de pis justo en los labios, abriendo esa boquita que tanto amaba, su cara se convirtió en puro deseo. Me encantó verla tragar, sentir cómo mi líquido caliente le bajaba por la garganta mientras yo le agarraba las tetas pequeñas, perfectas, apretándolas hasta que sus pezones se pusieron duros como piedras. Cayla, esa puta, no perdió el tiempo y metió los dedos en mi coño abierto, moviéndolos de un lado a otro mientras yo seguía meando sobre su piel. El piso quedó empapado, pero a mí me importó un carajo, porque lo único que quería era que ella se corriera con mi pis en su lengua. Cuando le empujé la cabeza hacia mi entrepierna para que lamiera mi orina fresca, ella lo hizo con tanta hambre que sentí que iba a volverse loca. Me encantó su cara de vicio, cómo gemía cada vez que tragaba otro chorro. Al final, cuando las dos estábamos temblando de placer, solo pensé en que nunca me había sentido tan poderosa como en ese momento, con Cayla rendida a mis pies, limpiando hasta la última gota de mí.