La vecina me lamió el coño en la lavandería de la residencia
Nunca imaginé que Kwini Kim, mi vecina de la residencia, terminaría devorándome el coño en la lavandería después de que se rompiera la secadora. Todo empezó cuando me agaché a recoger mi ropa y sentí sus ojos clavados en mi culo. Al levantarme, noté que sus pupilas brillaban con algo más que curiosidad. Sin decir nada, se acercó y me empujó contra la máquina, sus dedos ya mojados de solo verme. Cuando me abrió las piernas, descubrí que tenía una lengua más ágil de lo que esperaba, y cada lamida me hacía gemir más fuerte. Lo que más me sorprendió fue cómo sus dedos, pequeños pero precisos, sabían exactamente dónde presionar para hacerme arquear la espalda. En más de 12 minutos de escena, me dejó el coño tan hinchado que hasta las paredes de la lavandería parecían vibrar. La próxima vez, pienso llevarla a mi habitación para que aprenda a usar esa boca en otros lugares.