Victoria Lan desafía a Max Black en el hotel
No me aguanté las ganas y lo provoqué en cuanto lo vi en el pasillo, con esa polla negra que prometía hacerme gritar como nunca. Le dije que no iba a poder conmigo, que mi culo prieto iba a dejarlo temblando, y él solo se rio, seguro de que me haría chorrea en minutos. Lo llevé a la habitación y me puse de rodillas, chupando esa verga gigante para humedecerla bien, sintiendo cómo su saliva y mi saliva mezclaban el deseo. Cuando me penetró de una estocada, mi alarido llenó la habitación, pero seguí retándolo, moviendo las caderas para que no tuviera más remedio que empotrarse más fuerte. Cada embestida me acercaba al orgasmo, pero me mordía los labios para no darle el gusto de verme venirme, hasta que sus dedos encontraron mi clítoris y todo mi cuerpo se arqueó sin querer. Me corrí gritando su nombre, con los muslos temblando y mi coño apreté su polla como si no quisiera soltarla nunca. Cuando se vino, fue un chorro caliente que me llenó hasta el cuello del útero, y yo solo podía reírme, sabiendo que había ganado la apuesta. El espejo del baño todavía tiene una mancha de mi rímel, corrido de tanto llorar de placer.