Sexo bisexual al aire libre con la pareja más caliente
Laura Quest no podía creer lo que estaba pasando cuando Eduard me llevó al bosque. El frío del invierno no nos importó ni un segundo, porque el calor entre nosotros era insoportable. Empezó chupándome los pezones con esa boca de labios gruesos mientras sus manos exploraban mi culo prieto. '¿Seguro que nadie nos ve?', le susurré, pero él solo sonrió y me bajó los pantalones. Su polla ya estaba dura, y cuando me la metió en la boca, sentí su piercing en la lengua rozar mis labios. Me encantó cómo gemía cuando le chupé con ganas, pero lo que más me sorprendió fue cuando me dijo que quería ver cómo me comía a otra chica. '¿En serio?', le pregunté, y él asintió mientras me empujaba contra un árbol. En más de 16 minutos de escena, pasamos de chuparnos mutuamente a que me follara contra la corteza, con mi coño mojado y sus embestidas cada vez más profundas. Eduard no paraba de decirme lo puta que era, y eso me excitó aún más. Cuando otra chica apareció entre los árboles, no lo dudé ni un segundo: me arrodillé frente a ella y le abrí las piernas para lamerle ese coño rosado y depilado. Eduard se corrió en mi boca mientras yo gemía con la cara llena de jugos, y justo cuando creí que había terminado, me giró y me empotró contra el suelo del bosque.